Pareciera ser que la crisis nos embota los sentidos y las fuerzas, ocupando todos los espacios cotidianos hasta hacernos perder el rumbo.
Y las ganas. A decir verdad, es comprensible.
Sin embargo, no tiene por qué ser definitivo.
La borrasca está cambiando las reglas del juego haciendo cada nuevo emprendimiento más difícil y por lo mismo, más tentador.
Porque la única manera de no dejarse arrasrar por la corriente, es aprender a navegar utilizando su energía en nuestro beneficio.
Saliendo cada día a enfrentar un nuevo negocio, por difícil que parezca.
Respondiendo a los requerimientos, con una sonrisa y a los nuevos problemas, con soluciones flexibles.
Trabajar a bordo de una recesión no es bueno.
Pero dejarse arrastrar por ella, es peor.
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