martes, 27 de septiembre de 2016

Justo Sotelo




"Hacíamos el amor compulsivamente. Lo hacíamos deliberadamente. Lo hacíamos espontáneamente. Pero sobre todo hacíamos el amor diariamente. O en otras palabras, los lunes, los martes y los miércoles hacíamos el amor invariablemente. Los jueves, los viernes y los sábados hacíamos el amor igualmente. Por último los domingos hacíamos el amor religiosamente. O bien hacíamos el amor por compatibilidad de caracteres, por favor, por supuesto, por teléfono, de primera intención y en última instancia, por no dejar y por si acaso, como primera medida y como último recurso.
Hicimos el amor por ósmosis y por simbiosis: a eso le llamábamos hacer el amor científicamente. Pero también hacíamos el amor yo a ella y ella a mí: es decir recíprocamente.
Y cuando ella se quedaba a la mitad de un orgasmo y yo, con el miembro convertido en un músculo fláccido no podía llenarla, entonces hacíamos el amor lastimosamente. Lo cual no tiene nada que ver con las veces en que yo me imaginaba que no iba a poder, y no podía, y ella pensaba que no iba a sentir, y no sentía, o bien estábamos tan cansados y tan preocupados que ninguno de los dos alcanzaba el orgasmo. Decíamos, entonces, que habíamos hecho el amor aproximadamente. O bien a Estefanía le daba por recordar las ardillas que el tío Esteban le trajo de Wisconsin y que daban vueltas como locas en sus jaulas olorosas de creolina, y yo por mi parte recordaba la sala de la casa de los abuelos, con sus sillas vienesas y sus macetas de rosasté esperando la eclosión de las cuatro de la tarde, y así era como hacíamos el amor, nostálgicamente, viniéndonos mientras nos íbamos tras viejos recuerdos.
Muchas veces hicimos el amor contra natura, a favor de natura, ignorando a natura. O de noche con la luz encendida, mientras los zancudos ejecutaban una danza cenital alrededor del foco. O de día con los ojos cerrados. O con el cuerpo limpio y la conciencia sucia. O viceversa. Contentos, felices, dolientes, amargados. Con remordimiento y sin sentido. Con sueño y con frío.
Y cuando estábamos conscientes de lo absurdo de la vida, y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro, entonces hacíamos el amor inútilmente. Para envidia de nuestros amigos y enemigos, hacíamos el amor ilimitadamente, magistralmente, legendariamente. Para honra de nuestros padres, hacíamos el amor moralmente. Para escándalo de la sociedad, hacíamos el amor ilegalmente.
Para alegría de los psiquiatras, hacíamos el amor sintomáticamente. Y sobre todo hacíamos el amor físicamente.
También lo hicimos de pie y cantando, de rodillas y rezando, acostados y soñando. Y sobre todo y por simple razón de que yo lo quería así y ella también hacíamos el amor voluntariamente".
(Ni siquiera a 10.000 metros de altura me canso de releer "Palinuro de México", de Fernando del Paso, el último premio Cervantes, la historia de ese médico tan especial en el México convulso de los años sesenta, al menos algunas de sus páginas más hermosas y modernas, a pesar de que la novela es de 1977. El cuadro es el conocido "El abrazo" de Egon Schiele, 1917).

lunes, 26 de septiembre de 2016

un amor cualquier




ella me quería sin querer
y yo la amaba sin darme cuenta
hasta que un día
un poema nos arrasó las bocas
y la novedad de un fuego
nos incendió las almas
transitamos el amor
como dos niños desnudos
entre gaviotas de caramelo
pero un mala noche los peros
empezaron a roer los nudos
que nos unían, y de los ojos
nos nacieron alas y caminos
ella empezó a evitarme
y yo me gradué en simulaciones
no sé quién dejó a quién
lo cierto es nos dejamos de todo,
y en ese lugar donde fuimos
hoy no quedan más que jirones
tenemos una colección
de hojas muertas y casas abandonadas,
nombres de mil hijos
que nunca nacieron ,
lo demás que nos queda
se llama sombra de penas malvas,
huellas en el viento, o arena
atrasando su tiempo en los cristales
éramos más felices
cuando nada, ni
las invisibles ataduras
ni palabras de papel
nos ataban a las anclas
lejanas de la luna
la recuerdo, claro
cómo olvidarla, si fue
la única vez que amé
y me amaron
y cuando la pienso, nieva,
porque en su risa
se llevó todos los veranos
dios, mataría por uno de sus abrazos
en ellos, me explicaba la vida
y cuando le preguntaba por la muerte
se callaba, y me abrazaba aún más fuerte
ella me quería sin querer
y yo la amaba sin darme cuenta
luis maría lettieri

domingo, 25 de septiembre de 2016

Orígenes y Avances de la Hidroterapia

Antes de comenzar a hablar de los principios hidráulicos de la física que son partícipes en la hidroterapia, les queremos dar a conocer una breve reseña histórica de los comienzos de esta técnica terapéutica y sus avances hasta el día de hoy.

El agua como elemento curativo se ha utilizado desde los albores de la humanidad, llegando a convertirse en la medicina universal por excelencia. Se llevó a cabo el uso del agua, su culto y adoración, sobre todo en Egipto, Persia, India, Escandinavia y Grecia.

Entendemos por hidroterapia el tratamiento en aplicación externa del agua como vehículo de calor o frio y también de acción mecánica sobre el cuerpo humano. La hidroterapia comenzó a ser mencionada en la antigua Grecia como “terapéutica mediante el agua”, en los importantes centros de agua termales de Trajano y Diocleciano, que formaban parte de la vida en la población griega, con el fin de restablecer la salud.

Es Hipócrates (430- 377 ac.) el precursor de esta materia con su “tratado de agua, aire y los lugares”, acerca de la hidroterapia y el énfasis en la individualidad de cada paciente tratado.

 Fue en la Roma del emperador Cesar Augusto (entre los años 27 ac y el 14 dc) en donde la hidroterapia cobró auge, luego de que Cesar Augusto ordenara la instalación de baños públicos, para que de esta forma gocen de salud preventiva con el agua. Galeno (129 a 199 dc) aporto con la recomendación del uso de agua fría, así como indicaciones y contraindicaciones.

En el Islam se consideraba la hidroterapia como algo prestigioso, fueron Rhazes y Avicena quienes desarrollaron la hidroterapia como técnica de aplicación en forma de baños y de aplicación local en quemaduras, viruela y hemorragias. Más adelante en la edad media la hidroterapia cae en el olvido para luego en el siglo XV y principios del XVI reiniciar su uso.

A finales del siglo XVIII los médicos Sigmund Hanh y Johan Hanh, defendieron las aplicaciones hidroterápicas, como método preventivo y como tratamiento terapéutico de diversas enfermedades, sistematizaron, dosificaron e individualizaron la aplicación de la hidroterapia y la complementaron con ejercicios en el agua que hasta el día de hoy son vigentes.

En 1799 renace la hidroterapia con Vinzenz Priessnitz, que comienza a aplicar baños totales o parciales, compresas y duchas de agua fría, combinadas con ingesta de agua y ejercicios físicos. Años más tarde, en 1852 destaca Sebastián Kneipp, quien ejerció la hidroterapia, fue visitado por pacientes de todo el mundo, llegando a ser conocido por la técnica de la regadera, siendo su aporte más importante “Cura-kneipp”, basada en chorros de presión totales o parciales con agua fría, envoltorios y caminatas por los arroyos. Kneipp dejó varios libros de hidroterapia, considerados hoy en día fundamentales para su conocimiento, estudio y ejercicio.

- Hidroterapia -

Hidroterapia: Kinesiología Acuática


La kinesiología acuática ejerce efecto particular en pacientes con patologías del
dispositivo locomotor, especialmente en los que se tenga como objetivo obstaculizar la progresión de la patología o promover el control sintomático. Los efectos transcurren principalmente por el efecto termal del agua - que disminuye directamente el dolor y los espasmos musculares - y de la flotabilidad del agua, que disminuye el estrés mecánico en los empalmes (Campion, 2000).

La kinesiología acuática es indicada para cuadros subagudos y crónico, dolor muscular, espasmo, edema, reducción de amplitud de movimiento y fuerza muscular, déficit de balance y pro-percepción, alteraciones posturales o en caso de pérdida cardiorrespiratoria, como después de operaciones o inmovilizaciones, especialmente cuando no se permite la descarga total del peso por una u otra razón. La hidrokinesioterapia también es utilizada como recreación o para el mantenimiento de la salud general, para los portadores de alguna patología crónica o grupos especiales, como los envejecidos y las embarazadas.

El tiempo de tratamiento varía de acuerdo con el paciente, su patología y condición
general (Skinner & Thomson, 1985). La temperatura ideal del agua también no es unánime entre los diversos autores, pero de forma general no puede ser inferior a 32º C en actividades estáticas (blanqueo) y no exceder 28º en las actividades dinámicas, considerando siempre que los envejecidos y niños pueden requerir temperaturas más altas por la sencillez más grande para perder calor (Ruoti et al, 2000).

La mayor parte de las ventajas de la kinesiología acuática se justifica por las influencias físicas del agua en el cuerpo sumergido, resultando en las ventajas fisiológicas y terapéuticas del tratamiento en piscina terapéutica. Las características mecánicas del agua toman en consideración la densidad del cuerpo sumergido, la relación entre su masa y volumen. Comparando la densidad del cuerpo sumergido con la del agua, es posible determinar si flota o sumerge.

La flotación, fuerza de empujar en la dirección de oposición a la gravedad, confiere a los cuerpos sumergidos un efecto de sustentación, permitiendo que las personas vivan diversas sensaciones y movimientos. La flotación también se opone a la acumulación del sangre venoso en los miembros inferiores, asistiendo a la
reducción de edemas y mejorando el tráfico venolinfático (Ruoti et el al, 2000; Skinner & Thomson, 1985).

Los cuerpos sumergidos también se someten a la presión hidrostática, impulso ejercido por el líquido en el cuerpo sumergido (Ruoti et al, 2000). Basado en los estudios de Pascal, la presión hidrostática confiere gran aumento en el trabajo respiratorio, fuerza necesaria para ganar de la fuerza externa que resiste la extensión torácica. Así, no es difícil entender las mejoras respiratórias que ocurren (Becker & Cole, 2000; Ruoti et al, 2000; Skinner & Thomson,
1985).

La viscosidad - o la resistencia del líquido - es causada por la fricción entre sus
moléculas, que tienden a adherir a la superficie del cuerpo que si mueve a través de ella, causando resistencia a su movimiento (Skinner & Thomson, 1985). Es responsable por la dificultad de movimiento a través del líquido.

Con este resumen que incluye conceptos físicos que también sustentan la kinesiología acuática, les presentamos el siguiente video para que se familiarizen con la dinámica del trabajo terapéutico en piscina. 

lunes, 19 de septiembre de 2016

Una mujer entera

Una mujer entera

 Por Juan Forn

Mientras la televisión y un enjambre de periodistas locales y corresponsales extranjeros y el Uruguay entero estaban pendientes de la agonía de Mario Benedetti en un hospital de Montevideo, Idea Vilariño se murió en silencio a unas cuadras de distancia. Aunque el día de su muerte un centenar de admiradores le rindieron homenaje en el hall central de la Universidad de la República, a su entierro en el Cementerio del Norte, a la misma hora, fueron sólo catorce personas. El episodio cierra de manera perfectamente coherente la leyenda que la rodeó siempre, a veces alimentada y a veces padecida por ella misma.
Como muchos de mi generación, conocí los poemas de Idea Vilariño en las ediciones que le hizo Schapire en los ’60. Fueron de los primeros libros que compré con mi propia plata, cuando tenía trece o catorce años, y no podía creer que se pudiera decir tanto con tan pocas palabras, y con palabras de todos los días. Uno empezaba a leer esos poemas preguntándose si no eran material de poster, hasta que venía esa descarga eléctrica en el plexo y se nos atragantaban las palabras en la garganta y entendíamos con clarividente certeza que no se podía decir eso de otra manera, no se podía decir eso sin haber pasado antes por las comarcas más pavorosas del amor. Había uno en particular que se llamaba “Ya no” (Ya no será / ya no / no viviremos juntos / no criaré a tu hijo / no coseré tu ropa / no te tendré de noche / no te besaré al irme /nunca sabrás quién fui / por qué me amaron otros / ... Ya no soy más que yo / para siempre y tú / ya no serás para mí / más que tú /... Ya no sabré dónde vives / con quién / ni si te acuerdas / No me abrazarás nunca /... No volveré a tocarte / No te veré morir). La Vilariño se lo había escrito a Onetti, le había escrito todos los poemas de ese libro terrible, y se lo había dedicado, y años después le quitó la dedicatoria cuando lo reeditó, y logró por fin lastimar a Onetti como él la había lastimado a ella.
En los años ’90, cuando yo trabajaba en Planeta y María Esther Gilio y Carlitos Domínguez preparaban su biografía sobre Onetti (Construcción de la noche), los torturaba pidiéndoles que contaran más cosas de aquella terrible historia de amor hasta que la Gilio me dijo: “¿Por qué no encargás una biografía sobre Idea y nos dejás de joder a nosotros?”. Todo lo que puede saberse de ella, ahora que ha muerto, está en el extraordinario suplemento especial que El País de Montevideo le dedicó hace unos días (donde Rosario Peyrou define inigualablemente su poesía: “El máximo escepticismo con la máxima sensualidad”) y en el libro-álbum La vida escrita, publicado el año pasado, que reúne fragmentos de sus diarios, cartas, textos inéditos y recuerdos de sus amigos (“El tipo de homenaje que suele tributarse a los grandes poetas cuando mueren y que nosotros quisimos hacerle antes”, según su responsable, Ana Inés Larre Borges) y en el documental Idea, que filmó Mario Jacob en 1996 (donde ella dice: “Cuando escribo nunca miento. Puedo mentir en la vida de todos los días, pero no cuando escribo”).
Gracias a ellos sabemos que el padre le recitaba, a Idea y a sus hermanos, desde muy chicos, poemas del Siglo de Oro español en voz alta (y que por eso, antes de aprender a leer, ella ya inventaba poemas de rima y métrica perfectas con palabras que elegía exclusivamente por su sonido). Que, a pesar de su salud precaria, desde los veinte años vivió sola. Que antes de cumplir los treinta publicó esta opinión sobre la poesía rioplatense de su tiempo: “Miserablemente estancada en un pantano, pobre poesía de provincia, sin originalidad, sin fuerza, sin ningún poeta verdadero, ningún intenso, ningún nuevo, ningún desesperado, ningún revolucionario. Nadie sabe cantar, nadie tiene mensaje”. Que colaboró en la legendaria revista Marcha hasta que le censuraron por pornográfico un poema donde decía “un pañuelo con sangre, semen, lágrimas” (el problema era que lo firmara “una mujer sola”; ella los mandó a la mierda y no publicó más nada con ellos). Que dio clases durante treinta años en un liceo (se levantaba a las cuatro de la mañana para estar en el liceo a las ocho y tenía otro trabajo a la tarde, y de noche traducía, entre otros a Shakespeare). Que durante muchos años se resistió a recibir premios (no a obtenerlos: le dieron como tres veces el Premio Nacional de Poesía pero recién lo aceptó en 1987, cuando consideró que el jurado era irreprochable). Que detestaba las apariciones en público y que dio apenas tres entrevistas en su vida (“Me gusta mucho escuchar las entrevistas que les hacen a los demás, pero yo no tengo el don: recién al otro día se me ocurren las cosas inteligentes que podría haber dicho”). Que tocaba tangos al piano y los bailaba y los cantaba igual de bien. Que, en lugar de publicar libros nuevos, a partir de 1966 prefirió reeditar los tres que menos le disgustaban (Nocturnos, Poemas de Amor y Pobre Mundo) agregando de canuto en cada reimpresión los poemas nuevos que iba escribiendo, hasta que en 1989 aceptó sacar un libro enteramente inédito: lo tituló, a secas, No, y los dos últimos versos del libro son éstos: “Inútil decir más / Nombrar alcanza”. Que tenía una muletilla (“¿Cómo te diré?”) que la pintaba en genio y figura. Que una septicemia estuvo a punto de matarla a los veintisiete y la tuvo postrada en llaga viva durante casi tres años. Que se casó tres o cuatro veces (siempre por gratitud, con los tipos que fueron buenos con ella, como Manuel Claps, que la cuidó durante aquellos tres años) pero el hombre de su vida fue, sin discusión, Onetti (el propio Claps fue quien los presentó, cuando ella acababa de recuperarse de aquella septicemia).
Que Onetti y ella sólo pasaron juntos nueve noches, en once años. Que al principio él le pareció el hombre más adulto que había conocido y que, a causa de eso, perdió después toda confianza en su propio juicio. Que los momentos juntos eran “el infierno en la calle Durazno”. Que él la llamaba por teléfono y le decía: “Ayudame a entender el modo en que te quiero”. O: “Tengo una loca que se ha tirado al piso y me abraza los pies y no sé qué me pide. Te llamo porque necesito oír tu voz, escuchar a alguien sensato”. Que él le reprochó siempre que no lo amaba de verdad, que sólo lo usaba para escribir “esos poemas tremendos”. Que ella le reprochó siempre que no apareciera “ni una mujer entera” entre los personajes de sus novelas.
Vaya a saberse cuánto es cierto y cuánto es leyenda en toda esta historia. Yo sólo sé que, precisamente por saberse incompleta, Idea Vilariño logró convertirse en una mujer entera, absoluta. En un poema titulado lacónicamente “43” se retrató, a mi gusto, mejor que en ninguna otra parte. Son sólo cinco líneas: “Como un jazmín liviano / que cae sosteniéndose en el aire / que cae cae cae / cae. / Y qué va a hacer”.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Primavera



Pido al universo mucho amor
y recibo mensajes: 
invitación a una tarde de sexo
salvaje
y  un otro  de que viva
que este es el momento
Benedetti de por medio.

Habré sido clara en el pedido
o al usar seudónimo
lo confundo.

Ahora entiendo algo aprendido
El amor - es para las personas -
maduras -

Era eso.

Nerina Thomas

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Zona de Obras


¿Por qué, para qué y cómo escribe un periodista; de qué está hecha su vocación y qué es lo que le da sentido en estos tiempos? Zona de obras reúne columnas, conferencias y ensayos que la argentina Leila Guerriero hilvanó en torno a esas preguntas y que, publicados en diversos medios o leídos en encuentros literarios en América Latina y en España, se recogen por primera vez en un libro. El resultado es un mural en el que cada pieza apunta al corazón del oficio, lo ilumina y, al mismo tiempo, lo cuestiona: ¿cómo y cuándo nace la pulsión por escribir; de qué manera se alimenta; por qué vale la pena llevar un texto periodístico a su máximo potencial expresivo? Éste es un libro sobre la escritura de no ficción pero, también, sobre el cine, el cómic, las artes plásticas, la infancia, Madame Bovary, África, los padres y las lecturas, y respira, en cada una de sus páginas, la convicción de que el periodismo no es un género menor sino un género literario en sí mismo.
«Yo no creo en las crónicas interesadas en el qué pero desentendidas del cómo. No creo en las crónicas cuyo lenguaje no abreve en la poesía, en el cine, en la música, en las novelas... Porque no creo en crónicas que no tengan fe en lo que son: una forma de arte», escribió Guerriero en una de esas piezas. Acorazada en esa fe, desarma –con audacia, con insolencia, con humildad, con elegancia– los mecanismos íntimos de su trabajo y se sumerge en el detrás de escena del peligroso engranaje de la creación.
«Los textos de este libro se parecen a esos relojes con la carcasa de cristal, de modo que, al tiempo de darte la hora, te muestran el mecanismo que lo hace posible. Es un libro de misterio, una pesquisa detectivesca sobre la necesidad de narrar. En otras palabras: sobre la necesidad de leer» (Juan José Millás).

«El periodismo que practica Leila Guerriero es el de los mejores redactores de The New Yorker, para establecer un nivel de excelencia comparable: implica trabajo riguroso, investigación exhaustiva y un estilo de precisión matemática» (Mario Vargas Llosa).

Guerriero, Leila

Leila Guerriero nació en 1967, en Junín, provincia de Buenos Aires, Argentina. Comenzó su carrera periodística en 1991, en la revista Página/30. Desde entonces sus textos han aparecido en La NaciónyRolling Stone, de Argentina; El País y Vanity Fair, de España; El Malpensante y SoHo, de Colombia; GatopardoyEl Universal, de México; Etiqueta Negra, de Perú; PaulaEl Mercurio, de Chile; Granta, del Reino Unido; Lettre Internationale, de Alemania y Rumanía; L´Internazionale, de Italia, entre otros medios. Es editora para el Conosur de la revista mexicana Gatopardo. En 2005 publicó el libro 

Los suicidas del fin del mundo(Tusquets Argentina y España), traducido al portugués y el italiano. En 2009, publicó una recopilación de crónicas titulada Frutos extraños (Aguilar Colombia y Argentina) que, en 2012, editó Alfaguara en España. En 2010 su texto “El rastro en los huesos”, publicado en El PaísSemanal y Gatopardo, recibió el premio CEMEX-FNPI. En 2013, publicó Plano americano (Ediciones Universidad Diego Portales, Chile), que reúne veintún perfiles de personalidades de la cultura de España y Latinoamérica. Su trabajo ha formado parte de antologías como Mejor que ficción (Anagrama, 2012) yAntología de crónica latinoamericana actual (Alfaguara, 2012).

jueves, 25 de agosto de 2016

Asociación de Escritores Independientes San Miguel del Monte

Y SI ALGUIEN FALTABA EN LA EXPOSICIÓN DE FOTOGRAFÍAS ES....ADIVINEN.... SIIIII, LA INQUIETA Y SIMPATIQUÍSIMA NERINA THOMAS. DETRÁS DE SUS CASCABELES SE ESCONDE, UNA MUJER DE ENORME SENSIBILIDAD, OBSERVADORA, DE PALABRAS MESURADAS Y TAMBIÉN DE LAS QUE SUENAN COMO "UN CHIRLO A TIEMPO", NERINA ES ÉSTO Y MUCHO MÁS... GRACIAS PORQUE, PARAFRASEANDO ALGUNOS FRAGMENTOS DE UNO DE SUS POEMAS, PUEDO DECIR QUE: "LOS SONIDOS DE SU ALMA QUIEBRAN, BAILAN, SE SIENTEN, ESTÁN.FLUYEN, HABLAN, GRITAN, VIVEN... Y NO CALLAN, COMO INSTRUMENTOS DE VIENTO". GRACIAS NERI Y HASTA MUY PRONTITO. POR AHORA NOS QUEDA EL CONSUELO DE LAS RIQUÍSIMAS TORTAS QUE NOS DEJASTE. ENORME ABRAZO Y UN FUERTE BESO. S.V.
LAS TRES PRIMERAS FOTOS ESTÁN TOMADAS EN CASA DE QUICO. EN UNA DE ELLAS ACOMPAÑA A NERINA LA HERMOSA Y TRIPLICADA MUCHACHA EN SUS ESTADOS,

viernes, 19 de agosto de 2016

viernes, 12 de agosto de 2016

Trova Papa Francisco

Papa Francisco eres luz
              entre tanta oscuridad
              a cuestas llevas la cruz
              y luchas con la maldad.