lunes, 9 de noviembre de 2020

Vivencias



Tu mirada se instala en mi
cada vez que te cruzo. 
Como si no hubiera 
nadie mas que mirar.
A quién te recordaré
me pregunto
quién llegará a ti
cada instante que sonrío
y te saludo con barbijo inclusive.
Se dibujan sonrisas al mirarte
y ver que hasta el auto frenas para
posar tus ojos  en mi. 
Esa coincidencia de transitar 
la misma ruta , a la misma hora
para que tus ojos expresen a
lo que aún no podes ponerle palabras
para mi. 

Nerina Thomas

sábado, 17 de octubre de 2020

Feliz día para todas las madres del mundo




Tercer domingo de octubre, "Madre univeras madres del mundosal"

Obra con acuarelas sobre papel
El artista con su talento
Permite ver esa unión amorosa
Entre madre e hijo.
Cuántos secretos se trasmiten
Que serán solo entre ambos.
Como eternos.
La mirada cautiva, sus manos unidas
Con la energía de ambos,
La sangre misma que corre
`por ellas. desde sus ancestros.
El común denominador
el amor mismo.
Así se engendra, por amor
Así debería ser siempre.
Y la vida de ese hijo
Brillara mientras viva,
Escribirá su historia con
luz propia, Sin interferencias.
Denominó la obra “ Maternidad”
El gran milagro de esta vida.
La obra se llama "Maternidad" y está pintada con acuarelas sobre papel
Artista Claudio Villarreal , nace en San Francisco, provincia de Córdoba, en 1974. Estudia en la Universidad Nacional de Córdoba y se recibe de Profesor Superior en Educación de Artes Plásticas en 1996 y de Licenciado en Pintura en 1999. Vivió en Córdoba capital, en la Toscana, Italia y en Rosario, Santa Fe y desde 2010, en Buenos Aires, donde se como profesor (secundario, terciario, universitario), diseñador gráfico freelance y artista plástico. Desde 1991 participa en exposiciones tanto individuales como colectivas En el 2013 realiza el Posgrado Especialización en Medios y Tecnologías de la Producción Pictórica en el IUNA, Capital Federal. Desde el 2005 dicta cursos, seminarios y conferencias sobre Historia del Arte y desde 2013 realiza junto con el pianista, licenciado, Ezequiel Sarubbi, conciertos didácticos.

martes, 29 de septiembre de 2020

Mi motor, "Bruna "

 Querer es ocuparse del otro!! Mi motor, "Bruna "

Ella ve a su abuela en cada autito, budincito.
Cuando crezca verá las manos de su abuela.
cuando crezca mas aún, formarán estos hechos,
sus recuerdos de una infancia acompañada por ella.
Qué sonrisa se le dibuja cuando le dan la bandeja
para la merienda de esta tarde en primavera.
Es que los moldes utilizados, le pertenecen,
con ellos le cocino sus postres a su medida.
Esa es la felicidad suya, en esta tarde con mi ausencia
es que el hilo rojo no se cortará nunca, entre nosotras.
Nerina Thomas

por Juan Diego Incardona

 por Juan Diego Incardona

el interpretador, número 27: junio 2006 / relato incluido en Villa Celina (Norma, 2008; Interzona 2013)

imagen de portada: Daniel Santoro, “Los rabiosos”.

*

El velador en el piso de la pieza iluminaba las hojas romaní puestas arriba, estiradas sobre un vidrio apoyado entre dos sillas. Afuera, brillaba el sol del mediodía, no como ahora, que es de noche. Las persianas estaban bajas, igual que hoy, pero antes esa oscuridad de la casa duraba menos. Iba y venía la rotring por el papel: trazos cero cinco, cero siete, uno coma tres; bordes, ángulos, vértices, planos, acotaciones; Villa Celina es un rectángulo como aquella hoja. Sus lados están formados por dos avenidas, un río y un mercado. Es la obra de un soldado o un carcelero. Debajo de su geografía  también alumbran luces: son los faroles de los túneles. El más famoso está en la General Paz. Le dicen “túnel de los nazis”. Cerca existe otro, más chico, que une a las dos villas  —Villa Celina y Villa Madero— por debajo de un basural y un arroyo de cloacas. Esta historia comienza allí, en el año 1987.

Lombriz —le decían así porque era alto y desgarbado— era un pibe de barrio y acá no se metía con nadie, pero pasando los límites era un tipo pesado, pirata del asfalto, con varias causas penales por robo a mano armada y tráfico de drogas. Pero el prontuario no importa cuando estás adentro. En las cuadras, en el almacén de Juanita, en el club Riachuelo, Lombriz era el hijo de Pepe, un italiano del sur que habrá venido en la misma época que mis abuelos, después de la Segunda Guerra Mundial. Pepe tenía un taller mecánico con su hermano José. Lombriz a veces iba y ayudaba con algo, pero la mayor parte del tiempo la pasaba en Barros Pasos y Giribone, tomando cerveza con la banda de Capucha.

El velador iluminaba las hojas, cuando de pronto golpearon la puerta del cuarto.

—Te buscan —llegó a decir mi hermana María Laura.

Enseguida se asomó Adrián.

—Lo mataron a Lombriz, lo mataron a palazos hoy a la mañana.

—¿Qué?

A la unión de la General Paz y la Richieri le decíamos “última esquina”. Ahí está la última casa del barrio, el último poste de luz, el último árbol. Para los que vienen de Capital es al revés. Es natural que ellos miren así porque crecieron allá. Uno se para donde nació. Ahí está el punto de origen del observador. Y por más que renieguen, a eso no hay con qué darle. Por más que lo escondan, eso queda pegado. En nuestro caso todo empieza siempre en la Provincia, en el fondo del sudoeste, donde La Matanza se llama Gonzalez Catán. Para contar, contamos de sudoeste a noreste. Después, es viaje de vuelta. Es el mismo recorrido que hace la línea 86. La última esquina es una triple frontera. Divide dos barrios de acá, Villa Celina y Villa Madero, y uno de allá, en realidad de no tan allá, Villa Lugano. Ahí las autopistas forman varios puentes que tapan casi todo lo que pasa abajo. En esa época era un lugar de comercio para las pandillas. Debajo de uno, que da a Provincia, paraban dealers como si fueran arbolitos y ofrecían a cualquiera que pasara.  Debajo de otro, que da a Capital, laburaban prostitutas y propétides. Levantaban clientes y después los cruzaban a este lado para traerlos al Unanué, un Hotel Alojamiento que está en la calle del mismo nombre, en Celina, muy cerca de ahí. La policía no iba nunca. Además, no se sabía quién tenía jurisdicción, si la Federal o la Bonaerense. En el túnel chico que mencioné antes, fue donde mataron a Lombriz. Le pegaron tanto que una parte de su cerebro quedó esparcida en el suelo.

Al día siguiente fui con el cabezón Adrián a la esquina de Barros Pasos y Giribone, donde se juntaban los amigos de Lombriz, que eran como veinte, porque queríamos conocer más detalles de lo que había pasado, pero, sobre todo, para saber si efectivamente venía la guerra, como ya se comentaba en todos lados. Ellos eran mucho más grandes que nosotros, que teníamos apenas quince y dieciséis años, y eran todos chorros y bastante pesados. Nosotros ya habíamos ido varias veces, porque nos llevaba un primo de Adrián, al que le decían Toqui, que era de la banda. Nos trataban con respeto y siempre nos daban consejos. Muchos habían sido alumnos de mi vieja y me conocían desde que era chiquito. Ese día estaban casi todos borrachos, sobre todo Capucha, que era uno de los líderes. Cuando vio que llegaba, me dijo:

—Eh, guachín, hijo de la maestra, ¿alguna vez te patearon la cabeza?

—No.

—Bueno, entonces musarela y atenti al chamuyo porque a mí posta que sí, cuarta locura, me clavaron la croqueta con una bolea y un saque de puntín.

Toqui y el cabezón Adrián se acercaron para escuchar.

—Vengan capitos, que les voy a batir bien cómo es la sanata. Fui a Mataderos a ver a Chicago y a la salida de la cancha me agarré a piñas con un chaboncito muy limado. Había ido con unos pibes de Piedrabuena que eran una banda. ¡Qué viajados que eran esos guachos! No sabés, loco. Bueno, la cosa es que el chaboncito era uno de ellos y no sé qué mierda pasó, si nos dijimos algo o nos miramos mal, y bue. Yo todavía era un títi resano —me miró fijo a los ojos—, así como vos, era el más gil en esa cucha de larvas. Pero bueno, capo, con el tiempo te tenés que curtir, es así, no te queda otra, y vení sentate que no muerdo.

Me senté y tomé un trago de cerveza.

—Eeesaaa, ta media caliente, eh, pero hace muy bien. ¿Qué te decía? ¡Ah! Que fue a la salida de la cancha. De una que estaba julepeado, mirá, para qué te voy a mentir, el chabón medía como dos metros, pero ojito que el cagazo nunca mee, nunca mee, cómo es esa palabra, ¿cómo era?, in – pidió.

—Impidió.

—Eso, im – pidió, nunca me im – pidió ser valiente, loco, qué te pasa, que yo tengo unas pelotas así de grandes. Estaban el guachaje y un montón de fumancheros quemando churros, no había yutas ni bomberos ni los monos esos de la seguridad, y era una tarde a la salida de la cancha, ¿eso ya lo dije?, encerrado en un círculo de pendejos re salvajes que te escupían, te cantaban, te apuraban todos vaaamoos raatas caretonas putas del oooortoo, que puteó a  tu vieja, que hacete valer, que dale pedazo de puto andá y rompele bien la boca a ese salame, y vamos, gritaban vamos todos con Capucha, vamos con el chaboncito, pero vamos de una vez y dense masa, y entonces nosotros la zarpamos como todos pedían, no sé si con ganas o no, pero ya estábamos hasta las manos y piña va, piña viene, me tiró un roscazo y lo esquivé y le quise patear los huevos pero seguro que le erré, y uno, y dos, y agarrame ésta, y agarrámela vos, papa, que no, que sí, y dale que te re cabe, ortiba, vení, rescatate y agarramelá y de paso sobala, vas a ver cómo te desarreglo la boca y cobrás para todo el viaje, y en eso nos fuimos encima con toda la fuerza y yo pensé que lo tenía, eh, que le comía la cara, pero qué cagada un empujón me agarró mal parado y una pierna se enroscó con la otra y así fui cayendo a la concha de la lora mientras las trompadas seguían y seguían hasta que al final se me repudrió y fui a parar al piso, y aunque quise levantarme no pude porque sentí un cosquilleo acá atrás que me dio sueño, acá, mirá, ¿ves?, tocá, ves cómo tengo.

—Sí, tenés como un chichón.

—Tuve suerte porque me la dio en la parte dura, porque no sé si sabés que la cabeza tiene una parte dura y una parte blanda.

—No.

—Sí, tiene una parte blanda. Ahí le patearon la cabeza a Lombriz y por eso se murió. Pero nosotros lo vamos a vengar. ¡¿O no es así?! —preguntó gritando a los demás.

—Sí —dijeron todos—, hay que vengar a Lombriz.

Inmediatamente se levantaron los brazos y aparecieron armas, cuchillos y revólveres, que apuntaban al cielo. Yo no sabía qué hacer. Supongo que, por inercia y por la fascinación que ese ritual me despertaba, también levanté el brazo, aunque mi mano estaba vacía, no empuñaba nada.

En esa vereda había un montón de caras, pero se están borrando. Ahora cierro los ojos y las veo, pero se están borrando, son días que se vuelven grises como el humo, a veces negro como el humo de las gomas quemadas, son días imposibles, escondidos debajo de todas estas cosas que se me ocurren, tapados como la última esquina por los puentes de las avenidas.

—¡Hay que vengar a Lombriz!

En los días siguientes todo el mundo hablaría de la guerra, no habría otro tema de conversación en los almacenes, en la panadería, en el correo.

—Esto es tierra de nadie —decían algunos—, conviene reforzar puertas y ventanas.

—Parece que Madero se alió con Lugano —especulaban otros—, y que Tapiales y Aldo Bonzi van a luchar para Celina.

—Seguro va a ser una masacre —se ponían de acuerdo—. No hay que andar mucho por la calle.

Mientras tanto, las pandillas no paraban de reclutar gente para la pelea, que ya tenía fecha: el sábado a la noche.

A medida que el tiempo pasaba, la ansiedad crecía y el clima se tornaba cada vez más tenso. Esperábamos. La inquietud generalizada provocaba espejismos en las callecitas y varias veces se oyeron gritos de alarma desde las terrazas.

—¡Ahí vienen!

Pero los avisos siempre eran falsos. Vivíamos prácticamente en estado de alucinación. Cada minuto renovaba el miedo y lo hacía crecer, como ahora crece Villa Celina mientras oigo y veo estas cosas de antes. Se levanta como un monstruo y devora la casa de mis padres. Viene a la noche y embiste contra las puertas. Crece y después se achica. Es un animal plástico. Se mete en los agujeros de los cordones y se arrastra por los túneles, entre los cuerpos de las ratas y las moscas muertas de veranos anteriores. Escribo y ella crece y yo no existo. Me sepulta en la negrura de tanta espera y tanto enredo, que ya no sé si es de antes, de ahora o de cuándo.

—¡Venganza!

La lengua repta en la boca entre los dientes y sisea, Celina suburbio, una imagen deforme flotando en la zanja, un sonido deforme flotando en el humo.

Faltaba poco.

El sábado, las bandas de Celina con Capucha a la cabeza, colmaron la capilla del Sagrado Corazón mientras celebraban la misa de las siete de la tarde. Habían ido a rezar por la victoria.

El cabezón Adrián vino a avisarme y rápido fuimos corriendo a la Parroquia para ver qué pasaba. Cuando llegamos, el padre Severino estaba leyendo:

—¡Ah, qué Día! Porque está cerca el Día del Señor, y viene del Devastador como una devastación. ¿No ha sido retirado el alimento de nuestros ojos, y también el gozo y la alegría, de la Casa de nuestro Dios? ¡Pero ya no más, queridos hijos de Dios mi padre porque el gran Día se acerca!

Capucha se puso de pie  y lo interrumpió gritando:

—¡De una que se acerca! ¡Por Lombriz que está en el cielo!

—¡Por Lombriz! —gritaron los demás.

—Por favor, se pueden sentar —pidió el cura.

—Disculpe, jefe —respondió Capucha.

En la capilla no entraba un alma. Adrián y yo nos metimos por una puerta del costado, que da al patio de la Iglesia, pero avanzamos apenas un metro o dos. Quedamos contra la pared, abajo de la cruz grande.

—¡Tiemblen todos los habitantes del país —siguió Severino—, porque llega el Día del Señor, porque está cerca! ¡Día de tinieblas y oscuridad, día nublado y de sombríos nubarrones! Como la aurora que se extiende sobre las montañas, avanza un pueblo numeroso y fuerte como no hubo jamás, ni lo habrá después de él, hasta en las generaciones más lejanas. Delante de él, el fuego devora, detrás de él, la llama consume.

—¡Le vamo a quemá todo lo rancho! —gritó Toqui, y los demás aplaudieron.

—Silencio, por favor —pidió Severino.

—¡Silencio! —repitió Capucha.

—El país —dijo Severino— es como un jardín de Edén delante de él, detrás de él, un desierto desolado. ¡Nada se le escapa!

—¡Cinco por uno, no va a quedar ninguno! ¡Cinco por uno… —empezaron a cantar.

—Su aspecto es como el de los caballos —continuó Severino, ya resignado—, se abalanzan como corceles: como un estrépito de carros de guerra que saltan sobre la cima de los montes; como el crepitar de la llama ardiente que devora la hojarasca; como un pueblo fuerte en orden de batalla. Ante él, los pueblos se estremecen, se crispan todos los rostros. ¡Ante él, la tierra tiembla, los cielos se conmueven, el sol y la luna se ensombrecen, las estrellas pierden su brillo! El Señor hace oír su voz al frente de sus tropas: ¡qué numerosos son sus batallones, qué poderoso el que ejecuta su palabra! Porque el Día del Señor es grande y terrible: ¿Quién podrá aguantarlo?

—¡Aguante Celina! —interrumpió Capucha otra vez:

—¡Aguante Celina! —repitieron los demás.

Todos se pusieron de pie y salieron de la capilla.

Algunos disparaban al aire, mientras los demás seguían gritando:

—¡Aguante Villa Celina!

En la calle Olavarría estaba mi viejo, que había venido a buscarme.

—Vengan, que esto va ser un desastre —y nos obligó a volver.

Ese día, desde la tarde, bajaron las persianas de los negocios y las calles estuvieron prácticamente desiertas. El rumor de la pelea había corrido tanto por los barrios de La Matanza que los choferes de las líneas 86, 56 y 97, advertidos, desviaron sus recorridos y en vez de ir por la ruta habitual al costado de la Richieri, ahora salían del barrio por Chilavert.

Cuando llegamos a casa, mi vieja estaba con un ataque de nervios y casi me mata por haber salido a la calle. A partir de ese momento, no se despegó de mi lado durante toda la noche, vigilando que no me escapara. Las llaves estaban escondidas.

Durante horas escuchamos tiros, gritos y el ruido de los piedrazos que daban contra los vidrios y las puertas. La batalla principal fue en la última esquina, aunque hubo corridas y peleas en casi todo el barrio.

Poco a poco, entre las tres y las cuatro de la mañana, la noche se fue calmando. La lucha había terminado por un hecho insólito, que supimos al día siguiente.

En la última esquina, un montón de perros callejeros, que siempre daban vueltas por ahí buscando comida en los basurales cerca de los túneles, empezaron a atacar a la gente, excitados por la furia de la pelea. Embistieron contra las bandas desde ambas villas, entonados por el griterío y la violencia. Mordían a diestra y siniestra con una ferocidad inédita. Enseguida cundió el pánico, en parte por el salvajismo de los perros, pero también por la superstición de las personas que estaban cerca, que vieron en los animales verdaderas imágenes de terror. La escena habrá sido dantesca: gente y perros en la basura y en la boca de los túneles, corriendo frenéticamente entre la oscuridad y los rayos de la luna que se filtrarían por las separaciones de los puentes, para que su luz abrillantara todavía más los ojos desorbitados y los dientes  de la jauría.

Al día siguiente, la salita de Urquiza estuvo repleta de heridos, muchos de ellos por mordeduras en las piernas y en los brazos. Debido a la falta de insumos sólo una parte recibió las vacunas necesarias: antirrábica y antitetánica. Al resto lo derivaron al Piñeiro y al Santojanni. Les firmaron órdenes y les pidieron que viajaran por su cuenta. Pero muchos no fueron, un poco por vagancia, un poco por miedo a salir del barrio y encontrarse emboscados por enemigos en el viaje en colectivo o en el mismo Hospital.

Primero aparece la fiebre, una fiebre baja, y el dolor en la mordedura se hace más intenso. Después se hace difícil comer, pero sobre todo beber, porque los líquidos producen espasmos en la laringe. Cuando la enfermedad avanza, se siente inquietud, excitación, contracciones musculares y hormigueos. Una parte del cuerpo pierde sensibilidad. La boca babea. El estrés aumenta. La tensión se hace más fuerte y llegan las convulsiones.

Si la vacuna se aplica dentro de las primeras cuarenta y ocho horas, la persona generalmente se salva, pero una vez que aparecen los síntomas, muy pocos sobreviven. La muerte por insuficiencia respiratoria ocurre dentro de los siete días.

Una semana después de la pelea, los noticieros anunciaron:

Brote de rabia en La Matanza

Nunca se supo bien cuántos murieron. Nosotros sabemos, con seguridad, de cinco. Uno de ellos fue Toqui, el primo de Adrián, que agonizó en el Piñeiro hasta morir el 20 de Junio de 1987.

sábado, 26 de septiembre de 2020

La niña del paraguas


Comienza la lluvia a caer.
ella busca su paraguas
y sale al parque de su casa
cubriéndose con él.
Lo abraza con su manita
al tomarlo-
En ese instante
piensa en su abuela.
Cuando todos se curen
iré a dormir con ella,
expresa.
Y al saberlo me nace
una sonrisa tibia,
ese deseo de reencontrarme
como jugar juntas.
- No quiero que mi abuela
se encuentre sola.
Tres añós y medio
expresando sentimientos.
Soy rica, mi nieta
me recuerda.
Nerina Thomas
La imagen puede contener: una o varias personas, árbol, planta, cielo, exterior y naturaleza
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lunes, 7 de septiembre de 2020

Conciencia

 Uso barbijo al salir de mi casa, para ir a caminar, al supermercado o a la farmacia, para ir al médico o a hacer alguna diligencia importante, incluso lo uso para recibir entregas a domicilio.

Me quedo a dos metros de distancia de vos, me quedo en casa en aislamiento social, lo máximo que puedo.
Quiero que sepas que te respeto, pues podría ser asintomático y contagiarte el vírus.
No, no "vivo con miedo" del vírus, solo quiero ser parte de la solución y no del problema.
No me siento como si el "gobierno me controlara", me siento como un adulto que contribuye a la sociedad.
El mundo no gira a mi alrededor, si todos pudiéramos contar con la consideración de los demás, el mundo entero sería un lugar mejor.
Usar un barbijo, quedarme en casa el mayor tiempo que pueda, mantener la distancia de 2 metros de los demás no me convierte en una persona débil, asustada, tonta o "controlada"; me convierte en una persona atenta y respetuosa.
Si estás de acuerdo, copialo y pégalo en tu muro👌👌

domingo, 30 de agosto de 2020

- Me pregunto -



Qué sería de mi tiempo hoy
si no hubiera iniciado una carrera universitaria!!!
çomo ocuparía mis días, me lo pregunto.
Meses de encierro, solo caminata de una hora
volver a estar adentro, como todos los días.
La cabeza de un libro al otro,un trabajo práctico
cada dos semanas de cada materia.
Lecturas permanentes, videos, parciales en tiempo
y forma, en contra reloj a veces.
Rostros por geogle meet, classrom, zoom a veces.
ejercicios compartidos entre compañeros video llamada
como con mi hijo, mi nieta cada día.
Una nueva vida., una nueva forma , otro estilo.
Tiempo de pedaleo,ejercitando movimientos.
mientras, escucho a algún docente desmembrar textos.
Virtual todos los momentos,
Como los mismos silencios.
Música clásica siempre que acompaña, a falta de teatro
algun tenor y orquestas que acunan mi actividad diaria.
Uno se reinventa cada mañana, siendo un canto el nuevo día
aunque no haya encuentros presenciales ni abrazos tan necesarios.
Debemos cuidarnos.
Tenemos conciencia.
La vida es un milagro.
A no olvidarlo.

Nerina

miércoles, 12 de agosto de 2020

De qué se trata vivir?

 De qué se trata vivir?

en cada despertar
de cada día.
De qué se trata sino
de hacer, dar y sentir.

Tener proyectos
es la consigna
una idea y plasmarla.
Dando el primer paso
se inicia 
pequeña, austera,
Así se crece.

Compartir lo mucho
o lo poco
sin miedo de perder nada.
Dando todo se multiplica.
Hay que entenderlo, crecer.
Ya es tiempo.

Amar es el motivo
la gran causa de estar vivos.
En silencio a veces
aceptando otras
entregando ese sentimiento
y crecer juntos. 

De qué se trata vivir?
Agradecer siempre.

Nerina Thomas 

domingo, 26 de julio de 2020

Ser abuela


Es recuperar la alegría,
poder menear a un nieto
cuando se duerme.
Recordar esa nana
con que dormíamos a nuestros hijos.
Es volver a la niñez, de alguna manera
mirar vidrieras buscando algo que los sorprenda
en el próximo encuentro.
Es crear un teatrillo y así darle vida a los títeres.
y dibujar sonrisas en sus rostros y desde sus ojos.
Ser abuela
es un privilegio.
Amasar para prepararle alfajores de maicena
comprando antes, el molde mas pequeño
que corta la masa, para que sea de la medida de ellos.
Es sacar lo mejor de uno para celebrar la vida.
es cantar en la ducha, como cuando se era joven
y había ilusiones,
Tomarlos de su manita y transitar una tarde
buscando la hamaca en esa plaza mas cercana.
Agradecer a la vida, una abuela no se olvida
porque ya a esta altura se ha aprendido
a valorar el instante, ser feliz con su caricia
hasta escuchar su voz por video llamada
diciendo - Abuela, Feliz día -
Nerina Thomas
Silvana Alejandra Dolci

lunes, 13 de julio de 2020

Me secuestró el sonido de los pájaros





Y me acurruqué en el viento
para escuchar sus trinos
el mensaje sabio de ellos mismos.

Y cerré mis ojos, para volar alto
atesorando melodías únicas
y meditar con mis silencios.

Este día de febrero, donde el aire
era denso, el sol estaba presente
abrazando mi piel con ternura .

Me secuestraron los pájaros
con su canto
y no salió en ningún diario.

Me cerraron los ojos
y quedé muda.
No pidieron rescate
tan solo
inundaron mi alma
de amor puro.

Quizás fue 
-   un ángel - 
que me mecía., 


Nerina Thomas 

viernes, 8 de mayo de 2020

Palabras para Alfonso Saborido sde una amiga suya Reyes Uve

Muere el padre de un amigo y me sale esto.
Con todo mi cariño para Alfonso Saborido
No todos los trenes viajan al tiempo
no siempre hay disponible un pañuelo en la estación
Uno nunca sabe cuándo llegará, incluso si sólo quería estirar las piernas
o tomar un café que de repente
se convierte en el final de la canción.
Para ese día en que ya dejemos de vernos
quiero preparar tu corazón:
Decirte que no son necesarias , y que nunca lo fueron, tres mil ramos de rosas ni revisión del perdón,
ni liturgias pomposas ni plañido insultante
ni cortejo ni óleos ni un último adiós.
Bastará con que cierres tus ojos para verme
y si respiras me oirás respirar en tu pecho
y sabrás que mi nombre lo recuerdan las flores
que regaba en el patio de la casa en que vivimos.
Y no hará falta más;
nos habrán faltado los sudarios y etiquetas,
el velorio que es esa tarde mojada en un pañuelo frío,
la piedad de los extraños, la social convención;
a lo mejor las nubes de mi adiós no quieren disiparse
o puede que la pena intente comerse tu ilusión:
pero yo sabré que me amaste
y tú sabrás de mi amor.

domingo, 26 de abril de 2020

Receta de pan integral

½ kg harina (integral)
½ sobre de levadura en polvo
260 cc de agua tibia
2 cdtas (de café) de sal fina (marina)
7 cdas de aceite de oliva (o del que gustes)
1 cda colmada de semilla de sésamo (o de lino, chía, girasol, etc.)
Colocar en un bol la harina, la sal, la levadura, el aceite y mezclar. Luego agregar el agua. Mezclar y luego amasar por 6 minutos.
Aceitar y enharinar un molde de budín inglés grande (o, si preferís sin molde, también).
Mojar con las manos la masa y pasarle las semillas
Colocar en el molde (o en una bandeja de horno) la masa. Tapar y dejar leudar por 1 o 2 horas.
Luego, cocinar a 220° por 20 minutos (o hasta que se dore)
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martes, 24 de marzo de 2020

Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la justicia


24 de marzo
Para y por la Sra de Carlotto, su nieto Guido "Ignacio Urban" -
Estigma
El amor de una madre, no contempla lo imposible Paddock
Agosto y los vientos que llegan sin aviso
como la aparición de un nieto tan buscado,
esperado desde el vientre de una hija
que habitó su vientre y llegaron ambos
a la vida
para ser amados como a pocos.
No muere el amor nunca, los hechos,
el tiempo lo demuestran, aunque el dolor queme, arda
salgan llagas y llantos, ausencias prolongadas
un hasta nunca y volverá a encontrarla allá
donde habite, aunque esté entre ellos.
Porque el amor no muere, crece, se transforma
evoluciona, se muda de dimensión seguramente
estando en el alma de los que aun habitan - esta tierra -
porque fue una misión de amor para ellos
dejar un legado indestructible de amor eterno.
Nerina Thomas del libro "Mis trayectos con_migo"