miércoles, 23 de octubre de 2013

Cuando yo me vaya

Cuando yo me vaya, no quiero que llores, quédate en silencio, sin decir palabras, y vive recuerdos, reconforta el alma. Cuando yo me duerma, respeta mi sueño, por algo me duermo; por algo me he ido. Si sientes mi ausencia, no pronuncies nada, y casi en el aire, con paso muy fino, búscame en mi casa, búscame en mis libros, búscame en mis cartas, y entre los papeles que he escrito apurado. Ponte mis camisas, mi sweater, mi saco y puedes usar todos mis zapatos. Te presto mi cuarto, mi almohada, mi cama, y cuando haga frío, ponte mis bufandas. Te puedes comer todo el chocolate y beberte el vino que dejé guardado. Escucha ese tema que a mí me gustaba, usa mi perfume y riega mis plantas. Si tapan mi cuerpo, no me tengas lástima, corre hacia el espacio, libera tu alma, palpa la poesía, la música, el canto y deja que el viento juegue con tu cara. Besa bien la tierra, toma toda el agua y aprende el idioma vivo de los pájaros. Si me extrañas mucho, disimula el acto, búscame en los niños, el café, la radio y en el sitio ése donde me ocultaba. No pronuncies nunca la palabra muerte. A veces es más triste vivir olvidado que morir mil veces y ser recordado. Cuando yo me duerma, no me lleves flores a una tumba amarga, grita con la fuerza de toda tu entraña que el mundo está vivo y sigue su marcha. La llama encendida no se va a apagar por el simple hecho de que no esté más. Los hombres que “viven” no se mueren nunca, se duermen de a ratos, de a ratos pequeños, y el sueño infinito es sólo una excusa. Cuando yo me vaya, extiende tu mano, y estarás conmigo sellada en contacto, y aunque no me veas, y aunque no me palpes, sabrás que por siempre estaré a tu lado. Entonces, un día, sonriente y vibrante, sabrás que volví para no marcharme.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

hola Nerina muy buena prosa muy buen resumen de lo que debe ser el recuerdo de uno en un ser querido...
Saludos
Alberto

Nucha dijo...


Si muriera hoy

Si muriera hoy, me iría de aquí,
entregándome a un sueño eterno
tranquila y feliz.
Desde el frío que enfriará mi cuerpo
pediría que no lloren, ni que flores me regalen.
Que todos sepan que fui bebiendo cada día
con calma y fortaleza, cabalgando con mesura
la aridez amarga del dolor.
Que siempre me asocié a la libertad
haciendo todo lo noble que me elevaba,
huyendo de aguas amargas,
ignorando a la envidia y el rencor
plena de perdón y consideración.

ROBERTO ANGEL Merlo dijo...

Muy tierno lo que has escrito NERINA.
Un auténtica ternura que conmueve.
Gracias por escribir así
ROBER

Amílcar Luis Blanco dijo...

Este poema es sencillamente genial, precioso, pleno de sentido y armonía, musical además, con métrica y rimas perfectas. Además de genio intelectual revela que tenés oído poético y musical.
Debo decir que te agradezco que lo hayas compartido.