domingo, 5 de junio de 2022

La felicidad en ella

 



Su rostro de recién despierta
muestra el impacto que le dio
descubrir en su hábitat la llegada
de Rocky, la mascota nueva.

Sonreían hasta sus ojos
mientras ella acariciaba con alegría
al nuevo integrante de la familia.
Hacía meses ya que su perra se había
mudado  a otro cielo, para el descanso
eterno.

El despertar de este sábado, con frío
reparando el cansancio de idas y venidas
de paseos con la abuela. de haber conocido 
el primer cine, con palomitas y gaseosa,
hubo otras sorpresas brindado por los papis
que solo anhelan viva feliz y agradecida siempre.


Se adaptará a compartir con Camote, ese gato
que terminará jugando con él, cuando se queden solos.
serán amigos inseparables y se querrán como pocos.
el roce engendra cariño y los vínculos se incrementan
se afianzan y pasan a ser los afectos quienes nos sostienen.

Nerina Thomas

martes, 28 de septiembre de 2021

El vestido de bautismo

 El vestido de bautismo


Fue un sacrificio más al adquirirlo.
Era el más adecuado  para mi beba.
Lleva cuarenta y tres años guardado
en un cajón de recuerdos.
Bruna cuenta entre tantas otras 
con una muñeca que era de mi nuera,
su madre, siendo niña.
He decidido vestir a ella 
No entiendo el motivo de mi nieta
al  desvestirlas a todas,
están siempre desnudas.
Voy a acondicionar el vestido
para que la ponga feliz al recibirlo.
Ya cumplió esa etapa del recuerdo,
de igual manera lo llevo grabado en mi alma
atesoro ese momento.
Vivirá otro tiempo. La de jugar a la mamá
con una muñeca vestida.

Nerina Thomas

martes, 31 de agosto de 2021

Mañana llega ella

 Mañana llega - ella - de visita.

Le dijo a su padre, que se vaya
que quiere quedarse sola conmigo.
Y me sonrío. Qué privilegio mi chiquita!!
Me ha de ver una niña pienso
tan pequeña como ella
aunque suele expresar que ya es grande,
ese mundo de los niños, tan único.
El mismo que alimento con los hechos,
me preparo para jugar un rato, si llueve
con un papel y óleos de colores
o revisar sus plantas, que crecen tanto.
Ella elige. Por algo es mi nieta
y yo la abuela, quien consciente.

martes, 10 de agosto de 2021

Bruna



Cuando ella llega antes de las siete
Aprieto mis ojos para no abrirlos
De esa manera intento duerma un tiempo más.
Ella reclama el desayuno
Acariciando mi rostro y rozando mi nariz a veces.
Como si no quisiera que se vaya el tiempo
Ese de nuestros juegos.
Cuando no tiene clases, llega temprano.
En pijama la acuesta su padre a mi vera.
Ella viene con una misión, jugar todo el tiempo.
Hace que mi alma refleje la alegría de su presencia.
Y cuando se va, queda la computadora libre,
la casa sin ruidos ni demandas.
Estos son los años del disfrute, de tiempos prolongados.
La escuela la irá absorbiendo este tiempo nuestro.
La educación, la vida misma, su crecimiento y el cultivarse
Antes que sea adolescente y pase a comer lo que prefiera
De mi arte culinario, esos flanes que deleita, como los fideos frescos
Con crema y mucho, mucho queso.
Cuando ella nació, temí alzarla en ese primer instante
Como una vez se lo conté, me lo recuerda cuando le viene a su mente.
Y sonríe afirmando si fue verdad el hecho.
Ha crecido tanto ¡! En estos cuatro años
Juega al futbol dos veces por semana, a veces patina
Y sube y baja ya la escalera de la casa, porque ya pusieron las barandas.
Como que lee y escribe. No pierde tiempo y me dice mi nombre y apellido
Cuando caminamos por la calle.
Todo pregunta.
Hoy , el verdulero me saludó diciendo mi nombre
Y su pregunta fue – cómo sabe tu nombre él –
Porque hace tiempo soy su clienta.
Bruna crece a una velocidad única.
Ya la extraño.
Puede ser una imagen de niños e interior
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viernes, 23 de julio de 2021

Que uno aprende con los años


y se acumula despertar
para estar atenta siempre.
Esos maestros que nos enseñaron
a ver................ a leer entre líneas
para construir los días.
Este talento, de poder volcar
cada sentir de dicha por vivir.
Esa intuición de mujer madura
que guarda mariposas en ella
para pintar el alma de colores
en cada comenzar.
Esa soy yo
la que canta en la ducha
y se envuelve en un toallón
sintiendo suave su piel.
La que enciende su máquina
antes de batir el café
y desayunar con tostadas
.
La que escucha música
espera a sus receptores
de terapia de Reiki
para cumplir con la humanidad.
La que elige viajar siempre
conocer otras culturas
abrazar amigos
compartir los días.
Preparar sus plantas
acariciar la tierra
y verlas florecer.
Quien agradece" ser madre"
el trabajo mas duradero
esos juegos con los hijos
eso me bastó para ser feliz!!
Contar con amigos tan fieles
que me abrazan siempre
para hacer de mis días
el mejor de ellos.
Por esas cosas, de ser yo
quien escribe su historia
con la mejor pluma
la de la fe.
La felicidad está en uno
ya lo aprendí.
Nerina Thomas
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miércoles, 30 de junio de 2021

Declaración

 Cuando cae la tarde

en este invierno pleno
visualizo tu rostro sonriendo
como ese hoyo que se forma
en la ranura de tu boca
si te miro.


ese mate en tu escritorio
mientras tecleas la compu
revisando algún escrito
para luego incorporar
y ser entregado. 

La estructura te habita
la formalidad habitual
y esa mirada de costado
como expresando - te veo -

Hablar poco
ponerle palabras
cuesta.
Solo por teléfono, cuando no te veo,
apenas te escucho.
Ruido de hielo en un vaso
que permite tener coraje
para decir me enamoré.

Y yo
que ya a esta altura
no creo. 

Nerina Thomas 






domingo, 6 de junio de 2021

Aniversario 11_06_ 96 11_ 06_ 2021



Cada año, mes, cada día
Siempre presente
aunque duela.
Se adormece la herida
y solo se recuerda 
tu sonrisa, tu danza
saber que te destacabas
en todo lo que emprendías.
Los años de volley, 
las medallas recibidas, 
Las carreras de natación,
y las notas destacadas
de la  universidad. 
Todo lo del mundo.
Hoy, luego de tantos años
nos conectamos desde el cielo
ese idioma entre líneas de señales,
de acompañamiento, de tu caricia
en la cabeza y el milagro de algo que necesito.
Ese amor nuestro, eterno, 
de madre e hija.

Nerina Thomas



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domingo, 25 de abril de 2021

Este tiempo

 Este tiempo


Tiempos de guerra
aunque cueste admitirlo.
Ya nada sorprende,
ni la misma muerte.
Cosas de todos los días
como en toda guerra. 
Se incrementa el hambre,
la desocupación, la tristeza crece
la angustia misma.
Esta pandemia acosa
la mitad de la gente
no cree que exista.
La ignorancia  de muchos no ayuda.
Hasta que no les toque
no van a comprender.
Ellos mismos incrementan
la guerra.

Nerina Thomas

domingo, 28 de marzo de 2021

Momentos



Miro siempre al sol que se va,porque no se que algo mío se lleva. Dulce María Loymaz
El sol cada mañana
en mi sillón se expande
mientras leo.
Se refleja en cada página del libro
se instala en él
no se anuncia, solo ilumina-
Permite a la miopía lea.
Haga mía la vivencia narrada
pertenezca a ese relato minucioso
descriptivo
con puntos, comas, letras quietas
juntas
como un tren de ida
anunciando su llegada.
Nerina Thomas

lunes, 7 de diciembre de 2020

Cuando duelen los huesos

 


Cuando duelen los huesos
uno descubre otro ser en uno.
Parecemos  una estatua cuando intentamos
levantarnos  de la cama. Ellos deciden ...
los mismos huesos,articular los mismos.
Una hora por reloj, llegar al baño.
El paso se hace lento, que en verdad
es arrastrar los pies con la alfombra
que acompaña al bajar de la cama. 
Uno está como frizado tratando de llegar
a tiempo .
El desgaste dijo el médico,además de los genes
Una tortura para quien lo padece. 
No tuvieron en cuenta la caminata diaria de una hora
ni aquagym, ni pedalera.
Duelen y basta. 
Acupuntura mas cartílago de tiburón, colágeno, vitamina C, 
más magnesio, para poder caminar y sin dolor
luego de una semana de ejercicios y kinesiólogo. 
El cuello demoró en acomodarse, más que otras zonas.
Nada de computadora por ahora, ni de lecturas prolongadas
ni  pensar en rendir un final. 
A conformarse con lo promocionado. Hasta acá. 
El dolor físico es intolerable, solo   se sostiene con sublinguales,
Él no acaricia. 

Nerina Thomas



domingo, 29 de noviembre de 2020

lunes, 9 de noviembre de 2020

Vivencias



Tu mirada se instala en mi
cada vez que te cruzo. 
Como si no hubiera 
nadie mas que mirar.
A quién te recordaré
me pregunto
quién llegará a ti
cada instante que sonrío
y te saludo con barbijo inclusive.
Se dibujan sonrisas al mirarte
y ver que hasta el auto frenas para
posar tus ojos  en mi. 
Esa coincidencia de transitar 
la misma ruta , a la misma hora
para que tus ojos expresen a
lo que aún no podes ponerle palabras
para mi. 

Nerina Thomas

sábado, 17 de octubre de 2020

Feliz día para todas las madres del mundo




Tercer domingo de octubre, "Madre univeras madres del mundosal"

Obra con acuarelas sobre papel
El artista con su talento
Permite ver esa unión amorosa
Entre madre e hijo.
Cuántos secretos se trasmiten
Que serán solo entre ambos.
Como eternos.
La mirada cautiva, sus manos unidas
Con la energía de ambos,
La sangre misma que corre
`por ellas. desde sus ancestros.
El común denominador
el amor mismo.
Así se engendra, por amor
Así debería ser siempre.
Y la vida de ese hijo
Brillara mientras viva,
Escribirá su historia con
luz propia, Sin interferencias.
Denominó la obra “ Maternidad”
El gran milagro de esta vida.
La obra se llama "Maternidad" y está pintada con acuarelas sobre papel
Artista Claudio Villarreal , nace en San Francisco, provincia de Córdoba, en 1974. Estudia en la Universidad Nacional de Córdoba y se recibe de Profesor Superior en Educación de Artes Plásticas en 1996 y de Licenciado en Pintura en 1999. Vivió en Córdoba capital, en la Toscana, Italia y en Rosario, Santa Fe y desde 2010, en Buenos Aires, donde se como profesor (secundario, terciario, universitario), diseñador gráfico freelance y artista plástico. Desde 1991 participa en exposiciones tanto individuales como colectivas En el 2013 realiza el Posgrado Especialización en Medios y Tecnologías de la Producción Pictórica en el IUNA, Capital Federal. Desde el 2005 dicta cursos, seminarios y conferencias sobre Historia del Arte y desde 2013 realiza junto con el pianista, licenciado, Ezequiel Sarubbi, conciertos didácticos.

martes, 29 de septiembre de 2020

Mi motor, "Bruna "

 Querer es ocuparse del otro!! Mi motor, "Bruna "

Ella ve a su abuela en cada autito, budincito.
Cuando crezca verá las manos de su abuela.
cuando crezca mas aún, formarán estos hechos,
sus recuerdos de una infancia acompañada por ella.
Qué sonrisa se le dibuja cuando le dan la bandeja
para la merienda de esta tarde en primavera.
Es que los moldes utilizados, le pertenecen,
con ellos le cocino sus postres a su medida.
Esa es la felicidad suya, en esta tarde con mi ausencia
es que el hilo rojo no se cortará nunca, entre nosotras.
Nerina Thomas

por Juan Diego Incardona

 por Juan Diego Incardona

el interpretador, número 27: junio 2006 / relato incluido en Villa Celina (Norma, 2008; Interzona 2013)

imagen de portada: Daniel Santoro, “Los rabiosos”.

*

El velador en el piso de la pieza iluminaba las hojas romaní puestas arriba, estiradas sobre un vidrio apoyado entre dos sillas. Afuera, brillaba el sol del mediodía, no como ahora, que es de noche. Las persianas estaban bajas, igual que hoy, pero antes esa oscuridad de la casa duraba menos. Iba y venía la rotring por el papel: trazos cero cinco, cero siete, uno coma tres; bordes, ángulos, vértices, planos, acotaciones; Villa Celina es un rectángulo como aquella hoja. Sus lados están formados por dos avenidas, un río y un mercado. Es la obra de un soldado o un carcelero. Debajo de su geografía  también alumbran luces: son los faroles de los túneles. El más famoso está en la General Paz. Le dicen “túnel de los nazis”. Cerca existe otro, más chico, que une a las dos villas  —Villa Celina y Villa Madero— por debajo de un basural y un arroyo de cloacas. Esta historia comienza allí, en el año 1987.

Lombriz —le decían así porque era alto y desgarbado— era un pibe de barrio y acá no se metía con nadie, pero pasando los límites era un tipo pesado, pirata del asfalto, con varias causas penales por robo a mano armada y tráfico de drogas. Pero el prontuario no importa cuando estás adentro. En las cuadras, en el almacén de Juanita, en el club Riachuelo, Lombriz era el hijo de Pepe, un italiano del sur que habrá venido en la misma época que mis abuelos, después de la Segunda Guerra Mundial. Pepe tenía un taller mecánico con su hermano José. Lombriz a veces iba y ayudaba con algo, pero la mayor parte del tiempo la pasaba en Barros Pasos y Giribone, tomando cerveza con la banda de Capucha.

El velador iluminaba las hojas, cuando de pronto golpearon la puerta del cuarto.

—Te buscan —llegó a decir mi hermana María Laura.

Enseguida se asomó Adrián.

—Lo mataron a Lombriz, lo mataron a palazos hoy a la mañana.

—¿Qué?

A la unión de la General Paz y la Richieri le decíamos “última esquina”. Ahí está la última casa del barrio, el último poste de luz, el último árbol. Para los que vienen de Capital es al revés. Es natural que ellos miren así porque crecieron allá. Uno se para donde nació. Ahí está el punto de origen del observador. Y por más que renieguen, a eso no hay con qué darle. Por más que lo escondan, eso queda pegado. En nuestro caso todo empieza siempre en la Provincia, en el fondo del sudoeste, donde La Matanza se llama Gonzalez Catán. Para contar, contamos de sudoeste a noreste. Después, es viaje de vuelta. Es el mismo recorrido que hace la línea 86. La última esquina es una triple frontera. Divide dos barrios de acá, Villa Celina y Villa Madero, y uno de allá, en realidad de no tan allá, Villa Lugano. Ahí las autopistas forman varios puentes que tapan casi todo lo que pasa abajo. En esa época era un lugar de comercio para las pandillas. Debajo de uno, que da a Provincia, paraban dealers como si fueran arbolitos y ofrecían a cualquiera que pasara.  Debajo de otro, que da a Capital, laburaban prostitutas y propétides. Levantaban clientes y después los cruzaban a este lado para traerlos al Unanué, un Hotel Alojamiento que está en la calle del mismo nombre, en Celina, muy cerca de ahí. La policía no iba nunca. Además, no se sabía quién tenía jurisdicción, si la Federal o la Bonaerense. En el túnel chico que mencioné antes, fue donde mataron a Lombriz. Le pegaron tanto que una parte de su cerebro quedó esparcida en el suelo.

Al día siguiente fui con el cabezón Adrián a la esquina de Barros Pasos y Giribone, donde se juntaban los amigos de Lombriz, que eran como veinte, porque queríamos conocer más detalles de lo que había pasado, pero, sobre todo, para saber si efectivamente venía la guerra, como ya se comentaba en todos lados. Ellos eran mucho más grandes que nosotros, que teníamos apenas quince y dieciséis años, y eran todos chorros y bastante pesados. Nosotros ya habíamos ido varias veces, porque nos llevaba un primo de Adrián, al que le decían Toqui, que era de la banda. Nos trataban con respeto y siempre nos daban consejos. Muchos habían sido alumnos de mi vieja y me conocían desde que era chiquito. Ese día estaban casi todos borrachos, sobre todo Capucha, que era uno de los líderes. Cuando vio que llegaba, me dijo:

—Eh, guachín, hijo de la maestra, ¿alguna vez te patearon la cabeza?

—No.

—Bueno, entonces musarela y atenti al chamuyo porque a mí posta que sí, cuarta locura, me clavaron la croqueta con una bolea y un saque de puntín.

Toqui y el cabezón Adrián se acercaron para escuchar.

—Vengan capitos, que les voy a batir bien cómo es la sanata. Fui a Mataderos a ver a Chicago y a la salida de la cancha me agarré a piñas con un chaboncito muy limado. Había ido con unos pibes de Piedrabuena que eran una banda. ¡Qué viajados que eran esos guachos! No sabés, loco. Bueno, la cosa es que el chaboncito era uno de ellos y no sé qué mierda pasó, si nos dijimos algo o nos miramos mal, y bue. Yo todavía era un títi resano —me miró fijo a los ojos—, así como vos, era el más gil en esa cucha de larvas. Pero bueno, capo, con el tiempo te tenés que curtir, es así, no te queda otra, y vení sentate que no muerdo.

Me senté y tomé un trago de cerveza.

—Eeesaaa, ta media caliente, eh, pero hace muy bien. ¿Qué te decía? ¡Ah! Que fue a la salida de la cancha. De una que estaba julepeado, mirá, para qué te voy a mentir, el chabón medía como dos metros, pero ojito que el cagazo nunca mee, nunca mee, cómo es esa palabra, ¿cómo era?, in – pidió.

—Impidió.

—Eso, im – pidió, nunca me im – pidió ser valiente, loco, qué te pasa, que yo tengo unas pelotas así de grandes. Estaban el guachaje y un montón de fumancheros quemando churros, no había yutas ni bomberos ni los monos esos de la seguridad, y era una tarde a la salida de la cancha, ¿eso ya lo dije?, encerrado en un círculo de pendejos re salvajes que te escupían, te cantaban, te apuraban todos vaaamoos raatas caretonas putas del oooortoo, que puteó a  tu vieja, que hacete valer, que dale pedazo de puto andá y rompele bien la boca a ese salame, y vamos, gritaban vamos todos con Capucha, vamos con el chaboncito, pero vamos de una vez y dense masa, y entonces nosotros la zarpamos como todos pedían, no sé si con ganas o no, pero ya estábamos hasta las manos y piña va, piña viene, me tiró un roscazo y lo esquivé y le quise patear los huevos pero seguro que le erré, y uno, y dos, y agarrame ésta, y agarrámela vos, papa, que no, que sí, y dale que te re cabe, ortiba, vení, rescatate y agarramelá y de paso sobala, vas a ver cómo te desarreglo la boca y cobrás para todo el viaje, y en eso nos fuimos encima con toda la fuerza y yo pensé que lo tenía, eh, que le comía la cara, pero qué cagada un empujón me agarró mal parado y una pierna se enroscó con la otra y así fui cayendo a la concha de la lora mientras las trompadas seguían y seguían hasta que al final se me repudrió y fui a parar al piso, y aunque quise levantarme no pude porque sentí un cosquilleo acá atrás que me dio sueño, acá, mirá, ¿ves?, tocá, ves cómo tengo.

—Sí, tenés como un chichón.

—Tuve suerte porque me la dio en la parte dura, porque no sé si sabés que la cabeza tiene una parte dura y una parte blanda.

—No.

—Sí, tiene una parte blanda. Ahí le patearon la cabeza a Lombriz y por eso se murió. Pero nosotros lo vamos a vengar. ¡¿O no es así?! —preguntó gritando a los demás.

—Sí —dijeron todos—, hay que vengar a Lombriz.

Inmediatamente se levantaron los brazos y aparecieron armas, cuchillos y revólveres, que apuntaban al cielo. Yo no sabía qué hacer. Supongo que, por inercia y por la fascinación que ese ritual me despertaba, también levanté el brazo, aunque mi mano estaba vacía, no empuñaba nada.

En esa vereda había un montón de caras, pero se están borrando. Ahora cierro los ojos y las veo, pero se están borrando, son días que se vuelven grises como el humo, a veces negro como el humo de las gomas quemadas, son días imposibles, escondidos debajo de todas estas cosas que se me ocurren, tapados como la última esquina por los puentes de las avenidas.

—¡Hay que vengar a Lombriz!

En los días siguientes todo el mundo hablaría de la guerra, no habría otro tema de conversación en los almacenes, en la panadería, en el correo.

—Esto es tierra de nadie —decían algunos—, conviene reforzar puertas y ventanas.

—Parece que Madero se alió con Lugano —especulaban otros—, y que Tapiales y Aldo Bonzi van a luchar para Celina.

—Seguro va a ser una masacre —se ponían de acuerdo—. No hay que andar mucho por la calle.

Mientras tanto, las pandillas no paraban de reclutar gente para la pelea, que ya tenía fecha: el sábado a la noche.

A medida que el tiempo pasaba, la ansiedad crecía y el clima se tornaba cada vez más tenso. Esperábamos. La inquietud generalizada provocaba espejismos en las callecitas y varias veces se oyeron gritos de alarma desde las terrazas.

—¡Ahí vienen!

Pero los avisos siempre eran falsos. Vivíamos prácticamente en estado de alucinación. Cada minuto renovaba el miedo y lo hacía crecer, como ahora crece Villa Celina mientras oigo y veo estas cosas de antes. Se levanta como un monstruo y devora la casa de mis padres. Viene a la noche y embiste contra las puertas. Crece y después se achica. Es un animal plástico. Se mete en los agujeros de los cordones y se arrastra por los túneles, entre los cuerpos de las ratas y las moscas muertas de veranos anteriores. Escribo y ella crece y yo no existo. Me sepulta en la negrura de tanta espera y tanto enredo, que ya no sé si es de antes, de ahora o de cuándo.

—¡Venganza!

La lengua repta en la boca entre los dientes y sisea, Celina suburbio, una imagen deforme flotando en la zanja, un sonido deforme flotando en el humo.

Faltaba poco.

El sábado, las bandas de Celina con Capucha a la cabeza, colmaron la capilla del Sagrado Corazón mientras celebraban la misa de las siete de la tarde. Habían ido a rezar por la victoria.

El cabezón Adrián vino a avisarme y rápido fuimos corriendo a la Parroquia para ver qué pasaba. Cuando llegamos, el padre Severino estaba leyendo:

—¡Ah, qué Día! Porque está cerca el Día del Señor, y viene del Devastador como una devastación. ¿No ha sido retirado el alimento de nuestros ojos, y también el gozo y la alegría, de la Casa de nuestro Dios? ¡Pero ya no más, queridos hijos de Dios mi padre porque el gran Día se acerca!

Capucha se puso de pie  y lo interrumpió gritando:

—¡De una que se acerca! ¡Por Lombriz que está en el cielo!

—¡Por Lombriz! —gritaron los demás.

—Por favor, se pueden sentar —pidió el cura.

—Disculpe, jefe —respondió Capucha.

En la capilla no entraba un alma. Adrián y yo nos metimos por una puerta del costado, que da al patio de la Iglesia, pero avanzamos apenas un metro o dos. Quedamos contra la pared, abajo de la cruz grande.

—¡Tiemblen todos los habitantes del país —siguió Severino—, porque llega el Día del Señor, porque está cerca! ¡Día de tinieblas y oscuridad, día nublado y de sombríos nubarrones! Como la aurora que se extiende sobre las montañas, avanza un pueblo numeroso y fuerte como no hubo jamás, ni lo habrá después de él, hasta en las generaciones más lejanas. Delante de él, el fuego devora, detrás de él, la llama consume.

—¡Le vamo a quemá todo lo rancho! —gritó Toqui, y los demás aplaudieron.

—Silencio, por favor —pidió Severino.

—¡Silencio! —repitió Capucha.

—El país —dijo Severino— es como un jardín de Edén delante de él, detrás de él, un desierto desolado. ¡Nada se le escapa!

—¡Cinco por uno, no va a quedar ninguno! ¡Cinco por uno… —empezaron a cantar.

—Su aspecto es como el de los caballos —continuó Severino, ya resignado—, se abalanzan como corceles: como un estrépito de carros de guerra que saltan sobre la cima de los montes; como el crepitar de la llama ardiente que devora la hojarasca; como un pueblo fuerte en orden de batalla. Ante él, los pueblos se estremecen, se crispan todos los rostros. ¡Ante él, la tierra tiembla, los cielos se conmueven, el sol y la luna se ensombrecen, las estrellas pierden su brillo! El Señor hace oír su voz al frente de sus tropas: ¡qué numerosos son sus batallones, qué poderoso el que ejecuta su palabra! Porque el Día del Señor es grande y terrible: ¿Quién podrá aguantarlo?

—¡Aguante Celina! —interrumpió Capucha otra vez:

—¡Aguante Celina! —repitieron los demás.

Todos se pusieron de pie y salieron de la capilla.

Algunos disparaban al aire, mientras los demás seguían gritando:

—¡Aguante Villa Celina!

En la calle Olavarría estaba mi viejo, que había venido a buscarme.

—Vengan, que esto va ser un desastre —y nos obligó a volver.

Ese día, desde la tarde, bajaron las persianas de los negocios y las calles estuvieron prácticamente desiertas. El rumor de la pelea había corrido tanto por los barrios de La Matanza que los choferes de las líneas 86, 56 y 97, advertidos, desviaron sus recorridos y en vez de ir por la ruta habitual al costado de la Richieri, ahora salían del barrio por Chilavert.

Cuando llegamos a casa, mi vieja estaba con un ataque de nervios y casi me mata por haber salido a la calle. A partir de ese momento, no se despegó de mi lado durante toda la noche, vigilando que no me escapara. Las llaves estaban escondidas.

Durante horas escuchamos tiros, gritos y el ruido de los piedrazos que daban contra los vidrios y las puertas. La batalla principal fue en la última esquina, aunque hubo corridas y peleas en casi todo el barrio.

Poco a poco, entre las tres y las cuatro de la mañana, la noche se fue calmando. La lucha había terminado por un hecho insólito, que supimos al día siguiente.

En la última esquina, un montón de perros callejeros, que siempre daban vueltas por ahí buscando comida en los basurales cerca de los túneles, empezaron a atacar a la gente, excitados por la furia de la pelea. Embistieron contra las bandas desde ambas villas, entonados por el griterío y la violencia. Mordían a diestra y siniestra con una ferocidad inédita. Enseguida cundió el pánico, en parte por el salvajismo de los perros, pero también por la superstición de las personas que estaban cerca, que vieron en los animales verdaderas imágenes de terror. La escena habrá sido dantesca: gente y perros en la basura y en la boca de los túneles, corriendo frenéticamente entre la oscuridad y los rayos de la luna que se filtrarían por las separaciones de los puentes, para que su luz abrillantara todavía más los ojos desorbitados y los dientes  de la jauría.

Al día siguiente, la salita de Urquiza estuvo repleta de heridos, muchos de ellos por mordeduras en las piernas y en los brazos. Debido a la falta de insumos sólo una parte recibió las vacunas necesarias: antirrábica y antitetánica. Al resto lo derivaron al Piñeiro y al Santojanni. Les firmaron órdenes y les pidieron que viajaran por su cuenta. Pero muchos no fueron, un poco por vagancia, un poco por miedo a salir del barrio y encontrarse emboscados por enemigos en el viaje en colectivo o en el mismo Hospital.

Primero aparece la fiebre, una fiebre baja, y el dolor en la mordedura se hace más intenso. Después se hace difícil comer, pero sobre todo beber, porque los líquidos producen espasmos en la laringe. Cuando la enfermedad avanza, se siente inquietud, excitación, contracciones musculares y hormigueos. Una parte del cuerpo pierde sensibilidad. La boca babea. El estrés aumenta. La tensión se hace más fuerte y llegan las convulsiones.

Si la vacuna se aplica dentro de las primeras cuarenta y ocho horas, la persona generalmente se salva, pero una vez que aparecen los síntomas, muy pocos sobreviven. La muerte por insuficiencia respiratoria ocurre dentro de los siete días.

Una semana después de la pelea, los noticieros anunciaron:

Brote de rabia en La Matanza

Nunca se supo bien cuántos murieron. Nosotros sabemos, con seguridad, de cinco. Uno de ellos fue Toqui, el primo de Adrián, que agonizó en el Piñeiro hasta morir el 20 de Junio de 1987.