jueves, 13 de noviembre de 2008

El Normal siempre estuvo cerca

Tomo una película registrada en mi alma y vuelo. El recuerdo, me remonta a mis cuatro años y ha transcurrido ya medio siglo.
Ingresé al Normal Nro.1 Dr. Nicolás Avellaneda - Lenguas Vivas-
Aún está vigente el arenero. Ese lugar donde aprendí muchas cosas que atesoro en mi haber, donde mis piecitos se hundían mientras construía castillos,tortitas y hasta quien sabe que ilusiones, que el tiempo se ha llevado lejos.
Todo un círculo, que quizás ya me advertía sobre que todo gira, todo cambia y cierra.Unidas las manos, lo rodeábamos con una ronda.
Viene a mi mente la canasta de mimbre, con un moño en la tapa que identificaba mi salita. Allí depositaba mis capitales, de mucho valor para mis escasos años, mi platito, en el cual acurrucaba mis galles, acurrucaba dije sí, allí donde la premisa era el compartir.
José Luis. el portero, con guardapolvo del mismo color de la arena, era quien tocaba la campana haciéndonos saber que debíamos formar fila para volver a clase. Eso sí, antes el placer de lavarnos las manos en esas piletitas blancas, pequeñitas, hechas a nuestra medida, al igual que la jabonera, la toallita, las mesas y sillas de la sala.
Después del contacto con el verde, con la naturaleza, con la brisa dando en nuestro rostro y habiendo disfrutado de los juegos, la seño, con cariño, despacio y con cautela, nos volvía a disciplinar.
Mi mente rueda pasada del jardín al pre- escolar llega la primaria, al guardapolvo blanco con un cinto que abrazaba nuestra talla y terminaba detrás, con un gran moño. La escarapela lucida con orgullo en los festejos patrios y la formación en el patio, cuando la temperatura lo permitía o en las galerías cuando la lluvia o el frío acosaba con dureza.Años de aprendizaje, de Good Morning y Good By en las clases de idioma.
Y luego la alegría de pisar la adolescencia, verme descender junto a mis compañeras, con rapidez, al buffet de don Pacheco, quien nos esperaba con la merienda y su pan de leche inegualable.
Los actos en el sallón de actos, tan igual a un teatro, algunos solemnes, otros no tanto, donde nunca faltó el fervor del himno ni el piano siempre acompañando.
Uno va caminando la vida y añorando.Encontrarnos con algunas de nuestras docentes obliga al agradecimiento, al reconocimiento.En aquella época, más que en la actual, algo estaba claro - en la casa se educaba y la escuela instruía -
El Normal, siempre estuvo cerca, siempre presente.Una de las partes más importante s de la vida, estuvo en esos años, en las primeras letras, los primeros aprendizajes. El lugar que cobijó nuestra niñez sin discriminaciones, con buena voluntad, con saberes y valores, los mismos que nos enriquecieron para el compromiso formador de nosotras como individuos.
El Normal, siempre estuvo cerca y yo también de él.

Editada en Antología " Cuentistas Congregados" en La Paisanita Alta Gracia 2008

3 comentarios:

Alfonso dijo...

Muchas gracias por enlazar mi página. Me encanta como escribe, me recuerda a lo que aquí en mi ciudad, Jerez, llamamos los cantes de ida y vuelta. El lenguaje que cruza el oceáno y regresa de una manera bella, no sé... yo soy un enamorado del habla argentina.
Enhorabuena porque escribe muy bien y le doy las gracias por asomarse a la blogosfera para que todo el mundo podamos compartir tanta belleza.

Juan Carrizo dijo...

Es en ése tiempo cuando se forjas los ideales básicos de la vida cuando se cimentan las iluciones los sueños,y el marco de circunstancias o el contexto escénico quedan en nuestras retinas para siempre,me identifique con sus añoranzas y remembré las miás ¡Que bueno el relato! señora un beso enorme!!!

©Claudia Isabel dijo...

Nerina, que bellos recuerdos y como se nos quedan para siempre en la memoria esas cosas importantes que nos marcan...Me dio gusto leerte!
Un abrazo